sábado, 31 de enero de 2026

An Exhortation to Faithfulness and Justice

by JOSÉ SAMUEL MÉRIDA

1 I write to you, beloved brothers and sisters, with deep compassion and concern for your steadfastness in the faith, especially as you contend with the challenges and responsibilities involved in the pursuit of justice, equality, and human dignity in the present world.
2 For we are called to be the light of the world and the salt of the earth, bearing witness in all our dealings to the love and justice of our Lord.

3 Do you not know that our God is a God of compassion, who shows no partiality, and who has created all people in his image?
4 As it is written, “There is no longer Jew or Greek, there is no longer slave or free, there is no longer male and female; for all of you are one in Christ Jesus” (Galatians 3:28).
5 The Lord has shown us the way of love and mercy, commanding us to love our neighbors as ourselves and to do to others as we would have them do to us.

6 Therefore, brothers and sisters, let us be diligent in our pursuit of justice and equity, reflecting the heart of God in our relations with one another.
7 For the Lord is gracious and merciful, slow to anger and abounding in steadfast love (Psalm 145:8).
8 He has commanded us to care for the least among us, to defend the cause of the poor and the oppressed, and to break every yoke of injustice.

9 In this spirit, let us strive to form a community that embodies God’s concern for justice.
10 Let us speak for those who have no voice, standing with those who are marginalized and oppressed, and resisting every form of discrimination and inequity.
11 As it is written, “Learn to do good; seek justice, rescue the oppressed, defend the orphan, plead for the widow” (Isaiah 1:17).

12 Beloved, let us not grow weary in doing what is right, for we will reap at harvest time, if we do not give up (Galatians 6:9).
13 Let us draw strength from the Lord and from the power of his might, knowing that our labor in the Lord is not in vain.
14 For we are what he has made us, created in Christ Jesus for good works, which God prepared beforehand to be our way of life (Ephesians 2:10).

15 Moreover, let us practice inclusiveness and empathy in all our efforts.
16 Let us open our hearts and minds to the varied experiences and perspectives of others, especially those who have long been silenced or pushed to the margins.
17 Bear one another’s burdens, and in this way you will fulfill the law of Christ (Galatians 6:2); be kind to one another, tenderhearted, forgiving one another, as God in Christ has forgiven you (Ephesians 4:32).

18 In our pursuit of justice, let us also seek the wisdom from above, which is first pure, then peaceable, gentle, willing to yield, full of mercy and good fruits, without a trace of partiality or hypocrisy (James 3:17).
19 Blessed are the peacemakers, for they will be called children of God (Matthew 5:9).

20 Finally, brothers and sisters, be strong in the Lord and in the strength of his power.
21 Put on the whole armor of God, so that you may be able to stand against the wiles of the devil. For our struggle is not against enemies of blood and flesh, but against the rulers, against the authorities, against the cosmic powers of this present darkness, against the spiritual forces of evil in the heavenly places.

22 Now may the God of peace, who brought back from the dead our Lord Jesus, the great shepherd of the sheep, by the blood of the eternal covenant,
23 make you complete in everything good so that you may do his will, working among us that which is pleasing in his sight, through Jesus Christ, to whom be the glory forever and ever. Amen.

lunes, 26 de enero de 2026

Cuando la ciudad se convierte en pared

Honnold escalando la torre el domingo, mientras una persona en el interior mira 
por JOSÉ SAMUEL MÉRIDA

El domingo pasado, Alex Honnold volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: desafiar lo imposible. El escalador estadounidense, famoso por el documental Free Solo, ascendió sin cuerda el Taipei 101, un rascacielos de 508 metros que durante años fue el más alto del mundo. No era una montaña, no había silencio ni naturaleza alrededor, solo cristal, acero, tráfico y miles de ojos mirando hacia arriba. La hazaña fue tan espectacular que Netflix la retransmitió en directo.

Escalar un rascacielos no es simplemente trasladar la escalada tradicional a un entorno urbano. Según quienes practican esta disciplina extrema, se trata casi de otro deporte. Existe un club diminuto, de apenas una decena de personas en todo el mundo, que se atreve a subir edificios de cientos de metros solo con su cuerpo. Y casi todos comparten algo más que músculos de acero y nervios de titanio, viven al margen de la ley.

La escalada de rascacielos suele ser ilegal. Alain Robert, conocido como el Hombre Araña francés, ha escalado alrededor de 200 edificios desde los años noventa y ha sido detenido más de 170 veces. Para él, la experiencia se parece a una película de acción con policías persiguiendo al villano mientras este se eleva por la fachada. Honnold es una excepción. Consiguió permiso oficial para su ascenso en Taiwán, algo rarísimo en este mundo clandestino.

El entorno urbano cambia por completo la experiencia. En lugar del paisaje sereno de lugares como El Capitán en Yosemite, los escaladores se enfrentan al ruido, a las multitudes y a la posibilidad real de que la policía los detenga a mitad de camino. Titouan Leduc, un joven francés que escaló la Torre Varso en Varsovia, lo resume con una imagen potente sentirse como King Kong en la ciudad.

El cuerpo también sufre de otra manera. En la roca, cada movimiento es distinto y plantea un nuevo problema. En un edificio, en cambio, todo es repetición. Ventana tras ventana, barra tras barra, el mismo gesto una y otra vez durante cientos de metros. Dan Goodwin, que en 1986 escaló la Torre CN de Toronto, explica que la verdadera prueba es la resistencia. No es hacer una dominada, es hacer cien. Al terminar, tenía ampollas, el hombro en llamas y el miedo todavía latiendo en el pecho.

Robert incluso creó su propio sistema de dificultad. Para él, los agarres importan más que la altura. La Torre Eiffel le pareció fácil, casi como una escalera. El Taipei 101 mereció un seis. El Burj Khalifa y la Torre Willis un nueve. Y el desafío máximo fue un edificio de oficinas en París donde toda su vida dependía literalmente de la punta de los dedos atrapados en una ranura de cristal.

No todos ven estas hazañas con entusiasmo. Algunos escaladores temen que la retransmisión de Honnold inspire imitaciones peligrosas. El mensaje de los veteranos es claro sin un nivel excepcional, intentarlo es jugar a la ruleta rusa. Pero para otros, como Robert, el riesgo es precisamente la razón de seguir subiendo. Porque, como él mismo dice, solo se siente verdaderamente vivo cuando está al borde del vacío.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Maya, el Nombre que Nació de un Venadito

Un viaje al posible origen antiguo y sorprendente del nombre Maya

por JOSÉ SAMUEL MÉRIDA

Leí algo fascinante en el blog de David Stuart que me dejó pensando. Hoy quiero compartir esa idea porque abre una ventana inesperada al origen mismo de la palabra Maya.

Durante siglos la palabra Maya ha viajado por significados cambiantes como si fuera un navegante sin mapa. Hoy nos parece un término enorme que abarca una vasta civilización prehispánica y a más de treinta lenguas vivas. Sin embargo, en sus orígenes era simplemente el nombre de una tierra muy concreta en el norte de Yucatán. El uso étnico y cultural llegarían mucho después, fruto de confusiones coloniales y entusiasmos arqueológicos del siglo diecinueve.

Lo fascinante es que esta historia lingüística podría esconder un secreto aún más antiguo. Un secreto escrito no en papel sino en piedra y pintura. Un secreto que tal vez remonta la palabra Maya hasta los días del Clásico, cuando los gobernantes se retrataban sobre monstruos cósmicos y los escribas mezclaban iconografía y escritura con una creatividad que aún nos deja boquiabiertos.

El núcleo de esta intriga radica en un pequeño venado. No uno real sino una figura jeroglífica que aparece en sitios tan distantes como Yaxchilán, Río Azul y Tayasal. Se trata de un venadito de cabeza grande y postura extraña, como si estuviera naciendo del signo HA que significa agua. Este detalle no es casual. En Yucatán, maay significa pezuña y también venado joven. El parentesco fonético sugiere que la figura podría representar un antiguo logograma relacionado con la palabra maay. Al combinarlo con HA tendríamos Maay Ha. Es decir Agua del Venadito.

Lo que hace esta pista tan provocadora es su ubicación dentro de complejos registros toponímicos. Estas composiciones servían para marcar lugares simbólicos que eran a la vez escenarios terrenales y paisajes míticos. En varios casos el venadito aparece junto al poderoso caimán solar, K’inich Ahiin, la criatura que encarnaba a la tierra misma. Esta compañía sugiere que Maay Ha quizá no era el nombre de un sitio concreto sino de una región amplia. Una región que podría corresponder al territorio que los españoles conocerían después como Maya.

Si esta interpretación es correcta, la palabra Maya tendría raíces mucho más profundas y poéticas de lo que creíamos. No nacería de Mayapán ni de designaciones españolas sino de un antiguo nombre regional que evocaba un venado recién nacido y sus pasos húmedos en la tierra. Imaginemos a los escribas que trazaron este pequeño animal con tanta ternura. Tal vez no pretendían inventar un nombre para miles de años. Sin embargo, sus dibujos parecen haber capturado la esencia de un territorio compartido, un espacio cultural que ya entonces se percibía como un todo más allá de las ciudades rivales.

Por ahora la hipótesis sigue siendo tentativa. La evidencia es fragmentaria y quedan numerosas preguntas abiertas. Aun así despierta una idea encantadora. La posibilidad de que el nombre Maya tenga un origen suave y casi íntimo. No en un gesto imperial ni en un decreto colonial sino en la figura humilde de un venadito que emerge del agua para caminar sobre la tierra viva.

lunes, 20 de octubre de 2025

Por qué los pianistas asiáticos conquistan el Concurso Chopin y dominan el mundo del piano clásico

 
Cada cinco años, Varsovia se convierte en el corazón palpitante del romanticismo musical. El Concurso Internacional Chopin reúne a los jóvenes pianistas más brillantes del mundo y en las últimas ediciones algo ha cambiado. El público, acostumbrado a ver ganadores polacos, rusos o franceses, observa cómo la mayoría de los competidores tienen rostros asiáticos. En la edición de 2025 más del sesenta por ciento de los ochenta y cuatro concursantes principales son de ascendencia asiática, la mayoría de China, Japón y Corea del Sur. La pregunta inevitable es por qué la patria de Chopin se ha convertido en el escenario de una nueva generación de virtuosos del Lejano Oriente.

En Asia el piano no es solo un instrumento, es un símbolo de éxito, cultura y disciplina. En China ya a comienzos de este siglo se hablaba de decenas de millones de estudiantes de piano. Con el auge económico, las familias de clase media pudieron comprar instrumentos, pagar clases y enviar a sus hijos a competir al extranjero. Tocar el piano se transformó en una especie de pasaporte a la modernidad. Lo que antes era un lujo europeo es hoy parte del paisaje urbano en Shanghái, Tokio o Seúl, donde las academias de música funcionan casi como laboratorios de precisión.

El secreto está en la forma de aprender. En muchos hogares asiáticos la educación musical se vive con la misma seriedad que las matemáticas. Los niños comienzan antes de los cinco años, practican durante horas y cuentan con profesores, tutores y a veces con entrenadores de práctica. La cultura confuciana, que valora la perseverancia y la obediencia, encaja perfectamente con el rigor del estudio pianístico. En Occidente los padres suelen decir que los hijos toquen si les gusta, mientras que en Asia la lógica es opuesta, primero se toca bien y después llega el gusto. Esa diferencia produce generaciones de pianistas capaces de dominar Chopin antes de la adolescencia.

Desde los años ochenta los conservatorios de China, Japón y Corea han tejido lazos con escuelas europeas y estadounidenses. Profesores de Juilliard o la Royal Academy viajan a Asia en busca de talento y muchos de sus alumnos acaban en competencias internacionales. Chopin además tiene un lugar especial en el corazón asiático. Su romanticismo melancólico y su lirismo delicado conectan con una sensibilidad que valora la belleza contenida y la emoción bajo control. Ganar el Concurso Chopin es para muchos jóvenes un honor nacional.

El éxito de figuras como Lang Lang, Yuja Wang o Seong Jin Cho ha encendido la imaginación colectiva. Cada triunfo inspira a miles de niños a intentarlo. Cuantos más ganadores hay, más familias apuestan por la formación musical, más inversión privada se moviliza y más conservatorios abren sus puertas. Es un círculo virtuoso. Mientras tanto, en Europa y América, el interés por la música clásica ha disminuido y las escuelas dependen cada vez más de estudiantes internacionales.

El dominio asiático en el Concurso Chopin no es una curiosidad ni una moda. Es la consecuencia de medio siglo de transformación cultural, educativa y económica. El piano, aquel símbolo de refinamiento europeo del siglo diecinueve, ha cambiado de domicilio espiritual. Hoy pertenece tanto a Pekín o Seúl como a París o Viena. Cuando las notas de un nocturno de Chopin resuenan en el Teatro Nacional de Varsovia, quizá lo que estamos escuchando no es solo la música del pasado sino el sonido de un nuevo mapa cultural que se dibuja tecla por tecla.

sábado, 24 de mayo de 2025

El Evangelio Según Wesley: Gracia Transformadora y Entera Santificación

El evangelio, según la tradición wesleyana, es la buena noticia de que, por medio de Jesucristo, Dios ofrece salvación gratuita a todos. Pero no se trata solo de ser perdonados; es una transformación completa, la restauración del ser humano por medio de la justificación, el nuevo nacimiento y la santificación. Juan Wesley predicaba un evangelio de gracia y crecimiento, una gracia que salva, pero también una gracia que nos capacita para vivir en santidad.

Esa gracia empieza incluso antes de que la persona dé el primer paso. Wesley enseñaba que existe una gracia preveniente (la que “se adelanta”) que despierta el corazón, nos confronta con nuestro pecado y nos abre la posibilidad de volvernos a Dios con fe. Visto así, el evangelio no es solo una oferta lanzada al aire sino una búsqueda activa; es Dios quien sale a nuestro encuentro antes de que nosotros lo busquemos a Él.

Para comprender el evangelio del Nuevo Testamento hay que mirarlo dentro de la gran historia del pacto de Dios con su pueblo, una historia que culmina en la vida, muerte y resurrección de Jesús. Solo dentro de ese relato divino se entiende el llamado al arrepentimiento, a la fe y a la santidad. La salvación no es una vía de escape individual, sino una invitación divina a ser hechos nuevos y a vivir amando a Dios y al prójimo.

Pasajes como Efesios 2:8–9 (“por gracia sois salvos por medio de la fe”), Romanos 5:1 (justificación por la fe), y Tito 2:11–14 (la gracia que nos enseña a vivir con rectitud), expresan esta visión del evangelio con profundidad. Wesley no veía estos textos solo como declaraciones de lo que Dios ha hecho, sino también como testimonio de lo que Dios sigue haciendo en el corazón del creyente, moldeándonos a la imagen de Cristo por medio del Espíritu.

La respuesta al evangelio es clara, dejar atrás el pecado, creer en Cristo y recibir el testimonio interior del Espíritu. Y esa certeza interna se fortalece a través de los medios de gracia: la oración, la lectura de la Palabra, la Cena del Señor, el ayuno y la comunión cristiana. Wesley no veía estas prácticas como obligaciones secas, sino como canales vivos por donde fluye la gracia que sigue transformando el alma.

Los frutos son hondos y duraderos, paz con Dios, seguridad de salvación, un corazón renovado por el amor, y vida eterna. Este evangelio no solo nos lleva al cielo; trae el cielo a nuestra vida, un anticipo de la gloria, gracias a la presencia y el poder del Espíritu que habita en nosotros.

En todas las épocas, incluida la nuestra, este evangelio necesita predicarse de manera que conecte con las verdaderas necesidades humanas, espirituales, emocionales y sociales. Wesley fue un ejemplo vivo de eso, se acercó a los pobres, a los enfermos y a los olvidados, mostrando que el evangelio no solo salva almas, también transforma sociedades.

Pero ojo, hay que tener cuidado con los atajos. Un evangelio a medias es aquel que ofrece perdón pero no poder, gracia sin cambio de vida. Y un evangelio torcido es el legalismo (querer ganarse la salvación) o el libertinaje (gracia barata). Wesley advirtió contra ambos, insistiendo en que la fe verdadera siempre se expresa en amor y lleva a una vida santa.

Vivir de acuerdo con el evangelio, entonces, es caminar en el Espíritu, practicar obras de misericordia y de piedad y crecer en el amor perfecto. Para Wesley, la vida cristiana no termina en la conversión; eso apenas es el comienzo. El camino sigue hacia la entera santificación, un corazón completamente orientado hacia Dios y hacia el prójimo. Es llegar a ser, en palabras del propio Wesley, un “cristiano por completo”, no solo de nombre o creencias, sino de corazón y de vida. Ese es el evangelio wesleyano una gracia que salva hasta lo más profundo y que santifica hasta el final.