lunes, 11 de mayo de 2026

¡Es el Mundial de Futbol, Charlie Brown!

¡Es el Mundial de Futbol, Charlie Brown!

por JOSÉ SAMUEL MÉRIDA

La primera señal de que se venía el Mundial de Futbol fue la bulla.

A donde fuera Charlie Brown, siempre había alguien hablando de futbol casi gritando.

En la escuela, los niños intercambiaban estampitas de jugadores famosos.

En el recreo, todos discutían sobre qué país iba a salir campeón.

Hasta la niña pelirroja llevaba una bufanda con pelotitas de futbol.

Charlie Brown suspiró.

“No entiendo el futbol,” dijo.

“Tú no entiendes nada, Charlie Brown” respondió Lucy van Pelt.

Lucy estaba parada junto a una mesa plegable con un cartel de cartón que decía:

PREDICCIONES MUNDIALISTAS DE LUCY

5 CENTAVOS

“Ya pueden preguntarme quién va a ganar el torneo,” anunció con orgullo.

Charlie Brown le dio una moneda.

“¿Quién va a ganar?”

Lucy cerró los ojos, pensativa.

“El que meta más goles.”

Charlie Brown parpadeó.

“Eso no es una gran predicción.”

Lucy guardó la moneda en el bolsillo.

“Gracias por su preferencia.”

Cerca de ahí, Linus van Pelt estaba sentado bajo un árbol leyendo un libro de geografía universal.

“El Mundial es muy importante,” explicó Linus. “Durante un mes, todo el mundo se une.”

“¿Para discutir?” preguntó Charlie Brown.

“Para tener esperanza,” dijo Linus.

Charlie Brown se quedó pensando.

La esperanza casi siempre lo ponía nervioso.

* * *

Esa tarde, el vecindario decidió organizar su propio torneo mundialista.

Cada niño eligió un país.

Y todos se lo tomaron demasiado en serio.

Peppermint Patty llevaba un silbato y daba órdenes aunque nadie se las pidiera.

Marcie cargaba un portapapeles.

Lucy discutía con los árbitros antes de que empezaran los partidos.

Y Snoopy usaba una bufanda a rayas mientras fingía que periodistas lo seguían a todas partes.

“Damas y caballeros,” imaginaba Snoopy que decía un narrador, “¡ha llegado el mejor futbolista de todos los tiempos!”

Snoopy saludó a la multitud imaginaria.

Y acto seguido tropezó con su plato de comida.

Charlie Brown observaba todo en silencio.

“Creo que mejor solo voy a mirar,” dijo.

Pero eso resultó imposible.

“¡Charlie Brown!” gritó Peppermint Patty. “¡Necesitamos un entrenador!”

“¿Un entrenador?” tragó saliva Charlie Brown.

“Eres perfecto para eso.”

Eso lo preocupó al instante.

* * *

El primer entrenamiento salió terrible.

Nadie pasaba la pelota.

Todos le echaban la culpa a todos.

Lucy no dejaba de gritar, “¡Claramente yo soy la estrella del equipo!”

“El futbol es un deporte de equipo,” les recordó Charlie Brown.

Lucy cruzó los brazos.

“Eso lo dice la gente cuando no tiene estrellas en su alineación.”

Mientras tanto, Snoopy imaginaba que jugaba en un estadio gigantesco.

Miles de aficionados coreaban su nombre.

Driblaba a diez defensores.

Saltaba por el aire para hacer una chilena espectacular—

—y terminaba estrellándose contra un bote de basura.

Charlie Brown suspiró.

Ser entrenador era más difícil de lo que esperaba.

Aunque, para ser honestos, todo era más difícil de lo que esperaba.

* * *

A medida que avanzaba el torneo, todo el vecindario se emocionaba más y más.

Los niños colgaban banderas hechas a mano en sus bicicletas.

Intercambiaban pronósticos durante el almuerzo.

Hasta los adultos se asomaban por las ventanas para preguntar cómo iban los partidos.

Por las noches, Charlie Brown veía los partidos reales del Mundial en televisión junto a Linus.

Las multitudes parecían enormes.

Los estadios brillaban como ciudades iluminadas.

“¿Cómo hacen los jugadores para soportar tanta presión?” preguntó Charlie Brown.

Linus lo pensó un momento.

“Creo que se convencen de que perder sería insoportable.”

Charlie Brown miró fijamente la televisión.

“Eso no suena muy útil.”

“No,” admitió Linus. “Pero sí bastante realista.”

* * *

Sorprendentemente, el equipo de Charlie Brown seguía ganando.

No porque estuvieran organizados.

Ni porque fueran especialmente buenos.

Más bien porque los otros equipos discutían todavía más.

Aun así, cada victoria emocionaba más a todos.

“¡VAMOS A LLEGAR HASTA EL FINAL!” gritó Peppermint Patty.

“Estamos acabados,” murmuró Charlie Brown.

Pronto solo quedó un partido:

La final.

Todo el vecindario se reunió alrededor de la cancha.

Los niños llevaron boquitas.

Alguien puso música dramática en una radio.

Lucy apareció con lentes de sol y se presentó como “una celebridad internacional del futbol”.

Charlie Brown se sentía fatal.

“Deberías sentirte orgulloso, Charlie Brown,” dijo Linus amablemente.

“Eso normalmente significa que algo horrible está por pasar,” respondió Charlie Brown.

* * *

El partido empezó.

Fue un caos absoluto.

Los jugadores corrían por todos lados.

Nadie mantenía su posición.

Snoopy se lanzaba dramáticamente al suelo aunque la pelota estuviera lejísimos.

El marcador siguió empatado hasta el último minuto.

Entonces Peppermint Patty pateó la pelota hacia Charlie Brown.

—¡TÍRALA, CHUCK!

De pronto, todo quedó en silencio.

Charlie Brown estaba solo frente al arco con la pelota.

Un solo disparo podía ganar el campeonato.

Los niños contuvieron la respiración.

Hasta Lucy dejó de hablar.

Charlie Brown miró el arco.

Miró la pelota.

Pensó en cada partido de béisbol que había perdido.

En cada cometa atrapada en un árbol.

En cada balón de futbol americano que Lucy le había quitado en el último segundo.

Tal vez esta vez sería diferente.

Tal vez.

Charlie Brown corrió hacia adelante y pateó con todas sus fuerzas.

La pelota salió volando hermosamente por el aire.

Más alto.

Y más alto.

Muy por encima del arco.

Muy por encima de la cancha.

Hasta desaparecer en el patio de alguien.

Silencio.

Nadie se movió.

Y entonces, a lo lejos, estallaron fuegos artificiales por la celebración de un partido real del Mundial en televisión.

Charlie Brown bajó la cabeza.

“Lo sabía,” dijo en voz baja.

Lucy soltó un suspiro dramático.

Peppermint Patty se dejó caer de espaldas sobre el pasto.

Snoopy se cubrió los ojos con las patas.

Solo Linus permaneció tranquilo.

“Eso,” dijo pensativo “fue una patada muy filosófica.”

“Fallé por como diez metros,” respondió Charlie Brown.

“Sí,” dijo Linus. “Pero de una manera significativa.”

* * *

Más tarde esa noche, la cancha estaba vacía.

Las decoraciones del torneo se movían suavemente con el viento.

Charlie Brown estaba sentado solo en la banca.

Las primeras estrellas comenzaban a aparecer en el cielo.

Todavía podía escuchar los gritos lejanos de la gente viendo el Mundial en sus televisores.

“De verdad pensé que teníamos oportunidad,” se dijo a sí mismo.

“La tuviste.”

Charlie Brown levantó la vista.

Los otros niños habían vuelto.

Peppermint Patty llevaba la pelota de futbol.

Marcie traía gajos de naranja que ya nadie quería.

Lucy había dejado de quejarse… al menos por casi tres minutos completos.

Hasta Snoopy estaba sentado en silencio junto a la banca.

“Volvimos para jugar,” dijo Peppermint Patty.

“Pero el torneo ya terminó,” respondió Charlie Brown.

“¿Y qué?” se encogió de hombros ella.

Linus se sentó a su lado.

“¿Sabes?” dijo. “Lo curioso de las personas es que siempre lo vuelven a intentar.”

“¿Incluso después de decepcionarse?” preguntó Charlie Brown.

“Especialmente después de decepcionarse.”

Peppermint Patty hizo rodar la pelota hacia él.

“¿Quieres intentar otro tiro, Chuck?”

Charlie Brown miró la pelota.

“Probablemente vuelva a fallar.”

“Naturalmente,” dijo Lucy.

Charlie Brown suspiró.

Y luego sonrió un poquito.

Se levantó despacio, acomodó la pelota sobre el pasto y dio unos pasos hacia atrás.

Los demás esperaron.

Esta vez no había multitudes.

Ni una final.

Ni presión.

Solo amigos bajo el cielo de la noche.

Charlie Brown corrió hacia adelante y pateó.

La pelota rodó toda chueca por la cancha.

A nadie le importó.

Los niños corrieron detrás de ella de todos modos, riéndose mientras la oscuridad iba cayendo y una suave música de piano flotaba en el aire fresco de la noche.

domingo, 3 de mayo de 2026

El negocio detrás del balón

El mercado secundario de entradas es una forma legal para que los aficionados consigan boletos si no han tenido éxito por los canales oficiales.

A menos de un mes del inicio del Mundial masculino de 2026, el verdadero partido ya comenzó lejos de las canchas. No hay árbitros, camisetas ni himnos nacionales. Hay hojas de cálculo, grupos secretos de WhatsApp y millones de dólares moviéndose a velocidad récord. El torneo más esperado del planeta también se perfila como uno de los mayores campos de batalla para los revendedores de boletos.

Ellos prefieren llamarse brokers. Rechazan palabras como revendedores o especuladores. Según cuentan, su trabajo no es muy distinto al de una agencia de viajes. Compran entradas, calculan riesgos y apuestan a que los precios cambien. A veces ganan fortunas. Otras veces pierden cantidades brutales de dinero.

Uno de estos corredores mostró cómo funciona el negocio desde dentro. En su computadora aparecían miles de entradas vendidas para los 104 partidos del Mundial. Algunas operaciones parecen sacadas de Wall Street. Compró boletos para el debut de Estados Unidos por 1.300 dólares y los revendió por 2.200. Solo en ese partido ganó cerca de 45.000 dólares.

La estrategia comienza mucho antes del pitazo inicial. Muchos brokers vendieron entradas incluso antes de tenerlas en sus manos. Apostaban a que podrían conseguirlas después a mejor precio. En ese universo se habla de posiciones largas y cortas como si se tratara de acciones bursátiles y no de asientos en un estadio.

El gran secreto está en la cantidad de boletos disponibles. Algunos corredores aseguran que todavía quedan entre 500.000 y más de un millón de entradas sin vender. FIFA lo niega rotundamente y sostiene que la demanda ha sido enorme. Sin embargo, los brokers insisten en que hay señales claras de preocupación.

Una de ellas son los descuentos ocultos. Circula entre revendedores una hoja de cálculo con precios reducidos para decenas de partidos, incluida la final en Nueva Jersey. Según cuentan, ciertas entradas oficiales de 33.000 dólares ya aparecen en plataformas secundarias por apenas 8.000.

La lógica es simple. Mejor vender barato que dejar asientos vacíos. El temor de muchos es repetir imágenes incómodas como las del reciente Mundial de Clubes en Estados Unidos, donde algunos estadios lucieron semivacíos pese a campañas gigantescas de promoción.

También existe otro problema. Viajar al Mundial será caro. Hoteles, vuelos, transporte y trámites migratorios elevan el costo para los aficionados. Muchos esperan hasta último momento con la esperanza de conseguir precios más bajos. Y eso puede convertirse en una trampa peligrosa.

Los brokers conocen perfectamente esa ansiedad. Pasan horas observando mapas digitales de estadios para detectar tendencias y oportunidades. Algunos incluso manejan líneas de crédito gigantescas para financiar compras masivas. Uno confesó tener 18 tarjetas de crédito activas con límites de hasta 350.000 dólares.

Pero no todo es dinero fácil. Hay historias de corredores que terminaron en bancarrota por prometer entradas imposibles de conseguir. En eventos recientes como la final de la Copa América entre Argentina y Colombia, varios perdieron millones intentando cumplir pedidos desesperados.

Mientras tanto, el fútbol sigue vendiéndose como una fiesta global. Y probablemente lo será. Pero detrás de cada asiento disponible existe otra competencia menos visible, donde los verdaderos protagonistas no usan botines sino calculadoras.

viernes, 1 de mayo de 2026

La fiebre del álbum

La estampa #00 podría convertirse en una favorita sentimental tras anunciarse que Panini perderá la licencia de la FIFA después del Mundial de 2030.

Hay dos tipos de personas durante un Mundial. Las que ven los partidos y las que viven pegadas a sobres brillantes buscando una estampa imposible. Para millones de fanáticos, completar el álbum oficial de Panini sigue siendo una obsesión casi sagrada. Y este año, el desafío alcanzó un nuevo nivel de locura.

La edición del Mundial 2026 no solo celebra el torneo más grande de la historia con 48 selecciones. También rompió un récord poco amigable para los bolsillos. El álbum necesita 980 estampas para completarse, además de otras 12 especiales distribuidas gracias a una alianza con Coca Cola. En total, casi mil pequeñas piezas de papel capaces de convertir adultos responsables en cazadores compulsivos de sobres.

La matemática duele. Cada paquete cuesta dos dólares y ahora trae siete estampas en lugar de cinco. Parece una mejora hasta que alguien hace cuentas y descubre que completar el álbum podría costar entre 1.000 y 2.000 dólares. Y eso suponiendo que la suerte acompañe. Porque el verdadero enemigo no son las estampas difíciles. Son los repetidos.

Por eso vuelve el ritual más importante del coleccionismo futbolero. El intercambio. Amigos, hermanos, compañeros de oficina y desconocidos en internet vuelven a pronunciar la frase universal de los álbumes. “Tengo, tengo, me falta”. Facebook, eBay y aplicaciones móviles se transforman en mercados paralelos donde una simple estampa de Japón puede valer más que una cena elegante.

Pero este Mundial no se conforma con ser caro. También quiere ser brillante. Panini lanzó versiones especiales con bordes de colores, acabados metálicos y diseños extravagantes llamados Crumple. Entre todas ellas destaca una auténtica joya. Las estampas únicas con borde negro. Una de Lionel Messi vendida tras Qatar 2022 alcanzó los 139.000 dólares en subasta. Sí, una sola estampa puede costar más que un apartamento pequeño.

La fiebre por encontrar tesoros convirtió la apertura de sobres en una mezcla entre Navidad y casino. Algunos fanáticos ya no buscan completar el álbum. Buscan riqueza instantánea. Una estampa especial de Messi puede venderse por cientos o miles de dólares antes incluso de despegar el adhesivo.

Y luego está el desafío final. Las famosas estampas de Coca Cola. Desde hace años, Panini esconde jugadores especiales debajo de las etiquetas de botellas en ciertos países. Ahora esa tradición llegó con fuerza a Estados Unidos y provocó escenas casi absurdas en supermercados vaciados por coleccionistas desesperados revisando refrescos bajo la luz como detectives forenses.

Los álbumes también evolucionaron. Existen versiones de lujo con tapa dura, ediciones limitadas por país anfitrión y diseños exclusivos que ya son piezas de colección. Algunos ejemplares se venden por cientos de dólares incluso vacíos.

Curiosamente, muchas estampas muestran jugadores que ni siquiera disputarán el Mundial. Lesiones, decisiones técnicas y sorpresas de última hora dejaron fuera a varias estrellas que ya habían sido impresas. Neymar no aparece. Otros sí, aunque jamás pisarán el torneo.

Y quizás eso explica el encanto eterno de Panini. El álbum nunca es perfecto. Siempre tiene errores, rarezas y anécdotas. Es un pequeño caos lleno de pegamento, nostalgia y esperanza.

Después de todo, completar el álbum no se trata solo de fútbol. Se trata de perseguir algo imposible junto a millones de personas que sienten exactamente la misma emoción al abrir un sobre brillante.

domingo, 29 de marzo de 2026

El Gallo que Quiso Saberlo Todo (Epistemic trespassing)

En una colina vivía un célebre Gallo, famoso en todo el valle por anunciar el alba con tal precisión que hasta los relojes del pueblo parecían imitarle. No había mañana en que su canto fallase, y por ello todos le tenían por sabio.

Un día, hinchado de fama, pensó el Gallo:
—Si acierto siempre cuándo nace el sol, también sabré de las lluvias, de las cosechas y aun de las enfermedades.

Bajó entonces al valle y comenzó a dictar consejos:
a los labradores, cuándo sembrar;
a los médicos, cómo curar;
y a los marineros, cuándo zarpar.

Al principio, muchos le escucharon, pues decían:
—Quien tan bien conoce el cielo al alba, mucho sabrá del resto.

Mas quiso la fortuna que, siguiendo sus dictámenes, unos perdieran la siembra, otros erraran remedios, y no pocos se vieran en peligro en el río crecido.

Acudieron entonces al Búho, viejo y silencioso, que raras veces hablaba. Y este dijo:
—No yerra el Gallo al cantar el día, mas yerra al creerse dueño de todo el tiempo.

Avergonzado, el Gallo volvió a su colina y no cantó sino al amanecer, donde siempre había sido certero.

Y desde entonces, cuando alguno presume de saberlo todo, dicen en el valle:

Quien acierta en una hora, no por eso entiende el mundo entero.

sábado, 31 de enero de 2026

An Exhortation to Faithfulness and Justice

by JOSÉ SAMUEL MÉRIDA

1 I write to you, beloved brothers and sisters, with deep compassion and concern for your steadfastness in the faith, especially as you contend with the challenges and responsibilities involved in the pursuit of justice, equality, and human dignity in the present world.
2 For we are called to be the light of the world and the salt of the earth, bearing witness in all our dealings to the love and justice of our Lord.

3 Do you not know that our God is a God of compassion, who shows no partiality, and who has created all people in his image?
4 As it is written, “There is no longer Jew or Greek, there is no longer slave or free, there is no longer male and female; for all of you are one in Christ Jesus” (Galatians 3:28).
5 The Lord has shown us the way of love and mercy, commanding us to love our neighbors as ourselves and to do to others as we would have them do to us.

6 Therefore, brothers and sisters, let us be diligent in our pursuit of justice and equity, reflecting the heart of God in our relations with one another.
7 For the Lord is gracious and merciful, slow to anger and abounding in steadfast love (Psalm 145:8).
8 He has commanded us to care for the least among us, to defend the cause of the poor and the oppressed, and to break every yoke of injustice.

9 In this spirit, let us strive to form a community that embodies God’s concern for justice.
10 Let us speak for those who have no voice, standing with those who are marginalized and oppressed, and resisting every form of discrimination and inequity.
11 As it is written, “Learn to do good; seek justice, rescue the oppressed, defend the orphan, plead for the widow” (Isaiah 1:17).

12 Beloved, let us not grow weary in doing what is right, for we will reap at harvest time, if we do not give up (Galatians 6:9).
13 Let us draw strength from the Lord and from the power of his might, knowing that our labor in the Lord is not in vain.
14 For we are what he has made us, created in Christ Jesus for good works, which God prepared beforehand to be our way of life (Ephesians 2:10).

15 Moreover, let us practice inclusiveness and empathy in all our efforts.
16 Let us open our hearts and minds to the varied experiences and perspectives of others, especially those who have long been silenced or pushed to the margins.
17 Bear one another’s burdens, and in this way you will fulfill the law of Christ (Galatians 6:2); be kind to one another, tenderhearted, forgiving one another, as God in Christ has forgiven you (Ephesians 4:32).

18 In our pursuit of justice, let us also seek the wisdom from above, which is first pure, then peaceable, gentle, willing to yield, full of mercy and good fruits, without a trace of partiality or hypocrisy (James 3:17).
19 Blessed are the peacemakers, for they will be called children of God (Matthew 5:9).

20 Finally, brothers and sisters, be strong in the Lord and in the strength of his power.
21 Put on the whole armor of God, so that you may be able to stand against the wiles of the devil. For our struggle is not against enemies of blood and flesh, but against the rulers, against the authorities, against the cosmic powers of this present darkness, against the spiritual forces of evil in the heavenly places.

22 Now may the God of peace, who brought back from the dead our Lord Jesus, the great shepherd of the sheep, by the blood of the eternal covenant,
23 make you complete in everything good so that you may do his will, working among us that which is pleasing in his sight, through Jesus Christ, to whom be the glory forever and ever. Amen.