domingo, 11 de junio de 2023

Cuando rugió el pasado

Aniversario 30 de Jurassic Park

por JOSÉ SAMUEL MÉRIDA

Todo comenzó con un temblor. No en la tierra, como los que estamos acostumbrados a leer en las noticias o a sentir en el lomo de los volcanes dormidos, sino en el agua. Una pequeña vibración circular en la superficie de un vaso: el temblor de lo imposible acercándose. Así se anuncia, en Jurassic Park, la llegada de lo inconcebible. Y no fue la primera vez que el cine nos ofreció monstruos. Pero sí fue, acaso, la primera vez que el monstruo parecía mirarnos a los ojos con la exactitud de un recuerdo fosilizado.

Steven Spielberg no filmó una película de dinosaurios: hizo una invocación. Llamó al pasado, lo trajo con tecnología y vértigo, y lo puso a caminar, a devorar, a respirar, a rugir, por una isla que bien pudo ser Atlántida o Macondo, donde la ciencia y el mito compartían la misma celda de laboratorio. Lo que asombró no fue sólo el tamaño de los reptiles, sino la certeza con que caminaban, con que abrían sus fauces, con que hacían crujir los helechos como si hubiesen dormido apenas una siesta geológica. Era el pasado, sí, pero también era el futuro: una advertencia disfrazada de espectáculo.

Uno no veía Jurassic Park, la experimentaba. Y salía del cine no con miedo, sino con reverencia. Porque lo que allí estaba no era sólo el Tyrannosaurus, la violencia del raptor o la fragilidad del ser humano, sino una antigua pregunta que ha perseguido a los hombres desde que aprendimos a tallar piedra: ¿hasta dónde podemos jugar a ser dioses? Porque John Hammond, con su bastón de ámbar y su acento de abuelo encantador, no era un villano: era un Prometeo de laboratorio, un soñador desbordado por su propio asombro. Y como todos los grandes soñadores, no vio venir las consecuencias de su deseo.

La película, envuelta en la música majestuosa de John Williams, que sonaba como si los dinosaurios hubiesen dejado parituras enterradas junto a sus huesos, tocó un nervio primitivo. Nos recordó que somos visitantes en este mundo, que hubo un tiempo en que la Tierra no nos pertenecía, y que ese tiempo podría, con un descuido, regresar. Y eso es lo que más estremecía: no la violencia, sino la humildad. Ver a un ser humano quedarse inmóvil ante el tronar de un saurio no era una escena de acción: era una escena teológica. El hombre, diminuto y deslumbrado, ante la magnitud de lo que creía extinguido.

Recuerdo haber salido del cine como se sale de una catedral recién descubierta: en silencio, mirando el cielo de otro modo, escuchando el viento como si trajera noticias del Mesozoico. El cine, en ese momento, había dejado de ser evasión y se había convertido en epifanía. Uno podía, por primera vez, imaginar el rugido original del mundo.

Y desde entonces, los dinosaurios dejaron de ser sólo juguetes o esqueletos polvorientos en vitrinas de museo. Volvieron a ser lo que eran en el imaginario infantil y en los mitos más antiguos: presencias. Ecos. Presagios.

Porque si algo enseñó Jurassic Park, más allá de su esplendor técnico, fue esto: que el pasado no está muerto. Que la memoria de la Tierra tiene dientes. Y que todo lo que duerme puede, algún día, volver a rugir.

jueves, 4 de agosto de 2022

Un paso que llegó a la eternidad

10 años de la medalla olímpica de Guatemala

por JOSÉ SAMUEL MÉRIDA

No fue un disparo ni un salto, ni una carrera frenética lo que primero puso a Guatemala en el podio de los dioses olímpicos. Fue un paso. Luego otro. Y otro más. Cientos, miles. Un desfile silencioso y sostenido de voluntad sobre carne, de disciplina sobre deseo, de obstinación sobre cansancio. Así, con el sol a plomo sobre Londres y la historia latiéndole en las sienes, Erick Barrondo cruzó una línea que era más que una meta: era un umbral.

La primera medalla olímpica de Guatemala no llegó envuelta en el espectáculo de los reflectores ni acompañada por las fanfarrias de las potencias deportivas. Llegó con la humildad profunda de los caminos de tierra, con el paso constante del campesino que sabe que todo se logra con tiempo y tenacidad. Llegó con los pies. Porque, en un país donde tantas veces los sueños no tienen alas, fue el andar, no el volar, lo que nos elevó.

Y hay algo profundamente poético en eso: que nuestra gloria viniera de una marcha. No de una explosión de talento, sino de una constancia casi ritual. El deporte de la marcha atlética, tan incomprendido por los comentaristas apresurados y tan alejado de la estética veloz de las redes, encontró en Barrondo su profeta. Sus caderas oscilaban como péndulos antiguos; su cuerpo entero parecía dialogar con el tiempo. No corría. Avanzaba con la determinación de quien lleva generaciones enteras a cuestas. Porque no era él solo quien marchaba: era un país.

Un país diminuto, sembrado entre volcanes, con más cicatrices que medallas. Un país donde los niños juegan con pelotas de trapo, donde el deporte es lujo y el entrenamiento una prueba de fe. Un país que había mandado atletas a los Juegos Olímpicos como quien envía cartas al viento: con esperanza, pero sin esperar respuesta. Hasta ese día. Hasta esa hora en que el sol londinense —tan distante, tan extranjero— iluminó un rostro moreno, sudado, firme, y la bandera azul y blanca, que tantas veces ondeó sólo por cortesía, fue izada por mérito.

La medalla de plata de Barrondo no pesó como las otras. Pesó más. Porque no venía sola. Venía cargada de la dignidad de su origen, del aroma a milpa de su aldea, del silencio de los que caminan descalzos, del eco de un país que aprendió —al fin— que el esfuerzo también puede ser premiado. Y al subir al podio, no hubo gritos ni gestos teatrales. Sólo una mirada serena, un ademán contenido, como si supiera que no había ganado solo una competencia, sino algo más íntimo, más profundo: el respeto.

Y en los días que siguieron, en cada esquina del país, en cada mercado, en cada pantalla de televisor humilde, se repetía su nombre como si fuera un verso nuevo en el himno. No hubo analistas que pudieran explicarlo del todo. No hacía falta. Porque todos los que han caminado bajo el sol saben lo que cuesta llegar. Y todos los que han soñado en voz baja entendieron, sin palabras, lo que él logró.

Ahora, cuando el tiempo ha pasado, y las medallas brillan desde vitrinas tibias o archivos digitales, esa plata aún reluce como el metal más puro: el que fue ganado sin ruido, con los pies firmes y la mirada al frente.

Porque hay victorias que no sólo se conquistan. Se caminan. Y la nuestra empezó con un paso, allá lejos, en Londres... pero resonó como tambor en todo el corazón de Guatemala.

domingo, 2 de enero de 2022

Historia de la Primera Iglesia del Nazareno (GUATEMALA)



por JOSÉ SAMUEL MÉRIDA

Hoy, 2 de enero, es un domingo especial, es el primer domingo del año, y los hermanos de la Primera Iglesia del Nazareno sabemos que además de ser año nuevo es el aniversario del templo, que se inauguró un 2 de enero de 1955.

Dice el himno: “Una historia tenemos preciosa”. Esa es la historia del evangelio, pero también la de cómo llegó el evangelio y la obra nazarena a este lugar, en este rincón de Guatemala.

En 1946 había un muchacho en Cobán que se llamaba Ismael Vargas, él quería ser médico pero allá no había dónde estudiar. Entonces hizo planes de venir a la capital a estudiar la carrera de medicina en la Universidad de San Carlos. Él era muchacho de la Iglesia del Nazareno, allá en las verapaces, antes de emprender su viaje los hermanos oraron por él y llegó acá, a la capital, ese mismo año.

Los que somos del sector sabemos que el paraninfo universitario, la Escuela de Medicina, queda cerca, en la 13 calle y 2da avenida zona 1. Y siendo él de un departamento del interior, lo primero que hizo fue buscar un apartamento dónde quedarse, un cuarto dónde instalarse. Y encontró uno a pocas cuadras, en la 13 calle B del Barrio El Gallito. Estando ahí, el Señor le puso una inquietud en su corazón. Extrañaba la iglesia, y habiendo crecido en la Iglesia del Nazareno, tenía el anhelo de abrir su cuarto, de abrir ahí su casa, para empezar a orar y leer la Biblia con algunos vecinos. Y así lo hizo. Envió entonces noticias de que además de estar cursando la universidad, también estaba invitando a algunos vecinos a asistir a su casa, a leer la Biblia y a orar con ellos.

Así continuó por muchas semanas, por muchos meses, y empezaron a llegar cada vez más personas. Las noticias llegaron a la superintendencia de la iglesia allá en Cobán, y comenzaron a venir también de allá para ver lo que ocurría, porque en todo el departamento de Guatemala, y en toda la meseta central, no existía la Iglesia del Nazareno en aquel tiempo. Ya para el año 1949, se dieron cuenta de que eran muchas personas las que se congregaban ahí, que ofrendaban, que ya podían sostener la obra ellos mismos y que ya ellos mismos se hacían responsables del ministerio de su iglesia. Y dijeron: “bueno, esa ya no es una misión, esa ya no es una célula. Esa ya es una iglesia”.

Aquel año de 1949 vinieron desde Cobán los líderes, encabezados por el superintendente Rev. R.C. Ingram, a organizar la Primera Iglesia del Nazareno en el departamento de Guatemala. Eso fue el día 9 de octubre, bajo el pastorado del Dr. Ismael Vargas, en aquella sala ubicada en la 13 calle B de la zona 3.

Quizás han escuchado que nuestra iglesia se conocía en el barrio como la Iglesia de la Palmera, porque en ese tiempo había una palmera ahí en el local. Ese local quedaba atrás de donde está la casa pastoral actualmente, en donde han vivido los 12 pastores que llevamos en más de 7 décadas de ministerio. Ahí era donde estaba instalada la Primera Iglesia del Nazareno.

En el año 1949 fue organizada oficialmente como una Iglesia del Nazareno, empezó a enviar a sus delegados a las asambleas, a enviar sus cuotas, a participar como una iglesia formal; ahora ya no era solamente una “misión”. Siguió creciendo y definitivamente ya no cabían los hermanos en aquel lugar. Cambió el pastor, vino el Rev. Federico Guillermo; todavía se seguían reuniendo en aquella salita, pero ya no cabían. Y entonces surgió la iniciativa de empezar un proyecto mucho más grande y complicado para construir un templo.

Y luego de mucho trabajo y oración, el 2 de enero de 1955 se llegó a la inauguración de este templo que tenemos actualmente. Hoy damos gracias a Dios por tener un templo en el cual seguimos llevando a cabo el ministerio de nuestra Iglesia.

Es importante recordar esto al iniciar el año no solo para tener presente todo lo que los hermanos trabajaron hace tiempo, sino porque también es bueno reflexionar y decir: “Bueno, ¿y nosotros qué vamos a hacer este año? ¿Cómo nos vamos a organizar? ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a dar un buen testimonio en nuestro barrio, en nuestra comunidad?”. Hoy celebramos ese ministerio, que ya por más de 70 años, desde este lugar, ha estado sirviendo al Señor y compartiendo el mensaje de plena salvación de la Iglesia del Nazareno.

A mí me gusta recordar una parábola, aquella cuando el Señor Jesús dijo: “el reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que siendo una semilla pequeñita, quizás la más pequeñita de todas, produce un árbol inmenso, en el que cientos de aves llegan a hacer su hogar”. Me recuerda a aquel muchacho que venía a estudiar medicina, y al que el Señor puso en su corazón algo sencillo: abrir las puertas de su apartamento para invitar a las personas a orar por ellos y a leer la Biblia juntos. Alguien pudo especular: “miren los sueños que tiene, las aspiraciones que tiene”. Era un esfuerzo pequeñito como una semilla de mostaza, pero de la que ha crecido un árbol tan grande. Y más de 70 años después todavía sigue acá y cientos, quizás miles, de personas han hecho de esta congregación su hogar a través de los años. Han hecho de esta congregación su iglesia, aquí han traído a sus hijos, aquí se han convertido, aquí se han casado, bautizado, enterrado a sus seres queridos. Aquí han fallecido también.

Este árbol ha crecido por más de 70 años porque aquel jovencito le dijo “sí” al Señor y cumplió ese llamado, esa carga que el Señor había puesto en su corazón, de predicar la palabra.

Y nosotros, ¿qué vamos a hacer en este año? ¿Será que solo vamos a ser espectadores? Encendemos la pantalla y qué sencillo ver el culto ahí desde el sillón o la cama. Ya no cantamos, ya no leemos antifonalmente porque estamos bien cómodos. Y a veces venimos al templo, y ya solo a ver también, ya no cantamos ni leemos la Biblia, solo venimos a ver cómo hablan en el micrófono. ¡No! Pongamos, como dice el dicho, “las barbas en remojo” y digamos: “¿qué vamos a hacer este año? ¿Cómo vamos a participar? ¿Cómo vamos a seguir dando ese buen testimonio de la Iglesia del Nazareno y del evangelio en este lugar?”.

Oremos, hermanos, para que nuestros líderes sepan organizar al grupo y que nuestra iglesia pueda seguir cosechando frutos, pueda seguir cultivando ese gran árbol que ya por más de 70 años ha florecido en este lugar de Guatemala, y que como sabemos, durante muchos años, inició tantas misiones que ahora también son iglesias en este distrito e incluso más allá de nuestras fronteras.

Demos gracias al Señor en este día por el año nuevo, pero también por un año nuevo para el ministerio de la Primera Iglesia del Nazareno.



martes, 1 de diciembre de 2020

Lo mejor de Misión Imposible, (top 30 episodios completos, 1966-1973, latino)


  • "El Muerto" 28/2/68 (T02E22) La FMI se propone destruir una organización de asesinos a sueldo.
  • "Nicole" 30/3/69 (T03E22) Una seductora agente doble pone en peligro un proyecto vital del FMI cuando Jim Phelps se enamora de ella.
  • "El Dragón" 14/1/67 (T01E16) Dan Briggs envía a Rollin y Barney detrás de la Cortina de Hierro para ayudar a un científico a escapar a occidente y reunirse con su esposa que recientemente escapó.
  • "El Fotógrafo" 17/12/67 (T02E15) La imaginación del FMI se pone a prueba cuando una enorme red de espías en Estados Unidos encabezada por el fotógrafo de moda David Redding amenaza con paralizar al país con una plaga neumónica mortal.
  • "El Traidor" 1/4/67 (T01E27) Los miembros de la FMI, Briggs y Hand, reciben ayuda de una pequeña artista de circo para recuperar documentos clasificados de la embajada soviética.
  • "El Aficionado" 14/11/70 (T05E09) Antes de que el FMI pueda llevar el prototipo del arma secreta de un país de la Cortina de Hierro a los Estados Unidos, parte del arma cae en manos del propietario de un club nocturno codicioso y sin escrúpulos.
  • "El Concejo" 19/11/67 (T02E11, T02E12) Jim Phelps dirige al FMI en una misión para destruir al concejo, un imperio criminal encabezado por Frank Wayne.
  • "El Halcón" 4/1/70 (T04E14, T04E15, T04E16) Las estrellas invitadas Noel Harrison y Diane Baker se ven envueltas en una atrevida operación del FMI que utiliza un halcón entrenado para ayudar en el robo de una joya en un episodio de tres partes.
  • "La Astróloga" 3/12/67 (T02E13) La FMI acepta una misión crítica para rescatar a Nikolai Kurzon, el líder en el exilio del estado báltico de Veyska que ha sido secuestrado por el coronel Stahl, jefe de la policía secreta.
  • "La Leyenda" 11/2/67 (T01E20) Al FMI se le asigna la tarea de infiltrarse en una reunión clandestina de nazis de alto rango y desbaratar sus planes para restablecer el Tercer Reich.
  • "La Votación" 29/10/66 (T01E07) Dan Briggs solicita la ayuda de Rollin Hand para evitar un fraude electoral en centroamérica.
  • "El Sello" 5/11/67 (T02E09) Las relaciones de Estados Unidos con Kuala Rokat, un pequeño país neutral en la frontera entre China e India, se ven amenazadas cuando un valioso tesoro nacional, un sello de jade tallado, es robado y comprado por un coleccionista de arte estadounidense.
  • "Los Números" 5/10/69 (T04E02) La FMI se propone conocer el número de cuenta bancaria de un militar golpista convenciendolo de que ha comenzado la Tercera Guerra Mundial.
  • "El Piloto" 17/9/66 (T01E01) La Fuerza de Misiones Imposibles acepta una misión aparentemente imposible: sacar dos ojivas nucleares de una dictadura caribeña hostil.
  • "Memoria" 24/9/66 (T01E02) Dan Briggs y su Fuerza de Misiones Imposibles se comprometen a derrocar a un régimen político tiránico en un país balcánico.
  • "La Embajada" 1/12/68 (T03E08) Un diplomático playboy que se enamora de la esposa de otro diplomático.
  • "Los Mercenarios" 27/10/68 (T03E04) La Fuerza de Misiones Imposibles entra en África Ecuatorial para aplastar a un ejército de mercenarios, liderado por un coronel autoproclamado, y devolver el oro saqueado a sus legítimos propietarios.
  • "Nieve en el Infierno" 18/2/67 (T01E21) Una crisis internacional se avecina cuando un contenedor de material nuclear e información ultrasecreta sobre su producción cae en manos de Gerard Sefra, el sádico comandante de un infame penal.
  • "El Canje" 4/1/69 (T03E12) Cinnamon es capturada y el enemigo descubre lo único que desenmascararía su identidad y expondría la Fuerza de Misión Imposible.
  • "La Ejecución" 10/11/68 (T03E05) Sin saber cuándo, dónde o cómo atacará un adversario peligroso, Jim Phelps y Cinnamon se utilizan a sí mismos como carnadas.
  • "El Inocente" 3/10/70 (T05E03) Un joven informático que no coopera y ha "abandonado" la sociedad, pero el FMI lo necesita desesperadamente para completar su tarea.
  • "El Contagio" 19/11/66 (T01E10) La FMI se infiltra en un sitio de entrenamiento secreto en un plan para evitar que un régimen hostil mate a millones de personas mediante la guerra bacteriológica.
  • "La Mente" 12/1/69 (T03E13) La Fuerza de Misiones Imposibles se enfrenta a la ingeniosa lógica de un agente enemigo mientras intenta meterlo en un laberinto de pistas complicadas para llegar a una conclusión falsa.
  • "El Submarino" 16/11/69 (T04E08) Para localizar un tesoro robado, el FMI lleva al único hombre que conoce su escondite en un extraño viaje submarino.
  • "El Cardenal" 17/11/68 (T03E06) Un comandante del ejército planea convertirse en un dictador encarcelando a un cardenal influyente y utilizando a un actor parecido para recibir un respaldo público.
  • "La Heredera" 29/9/68 (T03E01) Cinnamon se hace pasar por una princesa ciega de 50 años, heredera de un reino balcánico.
  • "La Operación Rogosh" 1/10/66 (T01E03) La FMI se entera de que un agente enemigo, Rogosh, ha entrado en Estados Unidos con la intención de destruir una ciudad importante con un dispositivo secreto.

sábado, 14 de marzo de 2020

En un Rayo de Luz, una historia de ALBERT EINSTIEN para Niños



Hace más de 100 años, mientras las estrellas giraban en el cielo, mientras la tierra giraba alrededor del sol, mientras los vientos de marzo soplaban sobre una pequeña ciudad cerca del río, nació un bebé. Sus padres lo llamaron Albert.

Albert cumplió un año. Y no decía ni una palabra.

Albert cumplió dos años. Y no decía ni una palabra.

Albert cumplió tres años. Y apenas decía algunas palabras.

El niño solo miraba a su alrededor con sus grandes ojos curiosos. Observaba e imaginaba. Observaba e imaginaba.

Sus padres se preocuparon. El pequeño Albert era muy diferente, ¿tenía algún problema? Pero él era su bebé, así que lo amaban... sin importar nada.

Un día, cuando Albert estaba enfermo en cama, su padre le obsequió una brújula – un objeto circular con una aguja magnética adentro. No importaba a dónde Albert moviera la brújula, la brújula siempre señalaba al norte, como si la sostuviera una mano imaginaria. Albert estaba tan impresionado que su cuerpo temblaba.

De repente supo que había misterios en el mundo – ocultos y en secreto, desconocidos y nunca antes vistos.

Él quería, más que cualquier otra cosa, entender esos misterios.

Albert empezó a hacer preguntas. Preguntas en su casa. Preguntas en su escuela. Tantas preguntas que algunos de sus maestros le dijeron que estaba interrumpiendo mucho la clase. Le decían que nunca lograría nada a menos que aprendiera a comportarse como todos los demás alumnos.

Pero Albert no quería ser como los demás alumnos. Él quería descubrir los misterios ocultos del mundo.

Un día, mientras Albert paseaba por el campo en su bicicleta, observó los rayos del sol que llegaban rápido desde el sol hasta la tierra. Se preguntó cómo sería montarse en uno de esos rayos. Y en su mente, en ese preciso momento y lugar, Albert ya no paseaba en su bicicleta, ni por el campo... paseaba por el espacio montado en un rayo de luz. Fue el pensamiento más grande, más emocionante, que Albert había tenido. Y llenó su mente de preguntas.

Albert empezó a leer y estudiar.

Leía sobre la luz y el sonido. Sobre el calor y el magnetismo. Y sobre la gravedad, la fuerza invisible que nos jala hacia abajo hacia nuestro planeta e impide que la luna se vaya flotando en el espacio.

Y estudiaba los números. A Albert le encantaban los números.

Eran como un lenguaje secreto para descubrir las cosas. Pero toda esa lectura no respondía todas las preguntas de Albert. Así que seguía leyendo. Preguntándose. Y aprendiendo.

Cuando Albert se graduó de la universidad quería enseñar las asignaturas que amaba – todas las cosas que había aprendido todos esos años.

Pero Albert no pudo encontrar trabajo como profesor.

Así que consiguió otro trabajo.

Un trabajo sencillo y discreto en una oficina del gobierno. Una oficina en la que trabajaba con los ideas e inventos de otras personas. Hacía su trabajo muy bien y muy rápido... tan rápido que tenía mucho tiempo extra para pensar y hacerse preguntas.

Albert observó un cubo de azúcar disolverse en su té caliente.

¿Cómo podía ocurrir esto?

Veía al humo de su pipa dar giros y desaparecer en el aire.

¿Cómo podía una cosa desaparecer en otra?

Luego empezó a averiguarlo. Pensó en la idea de que todo está hecho de pedacitos muy pequeños de materia – muy pequeños para verlos – pedacitos llamados “átomos”. Algunas personas no creían que los átomos existieran, pero Albert con su idea ayudó a demostrar que todo en el mundo está hecho de átomos... hasta el azúcar y el té, hasta el humo y el aire. Hasta Albert y tú.

Después Albert pensó en el movimiento.

Se dio cuenta de que todo está siempre moviéndose.

Se mueve por el espacio y se mueve por el tiempo. Hasta cuando estamos dormidos nos estamos moviendo, mientras nuestro planeta gira alrededor del sol, y nuestras vidas viajan hacia el futuro. Albert vió al tiempo y el espacio como nadie antes los había visto.

Albert escribió sus ideas, las metió en sobres y las envió a revistas científicas. Las revistas publicaban todo lo que Albert les mandaba. Esperaba que los científicos y profesores se interesaran. Y vaya que lo estaban, ¡estaban muy interesados!

Le pidieron a Albert que viniera a trabajar con ellos y enseñar con ellos.

Por primera vez en su vida, las personas comenzaron a decir, “¡Albert es un genio!” Ahora Albert podía pasar todos los días haciendo lo que amaba – imaginar, preguntar, averiguar y pensar.

Albert pensó en cosas muy, muy, grandes.

Como el tamaño y la forma de todo el universo.

Y pensó en cosas muy, muy, pequeñas.

Como lo que sucede dentro de los átomos de lo que todo está hecho.

Pensó en las fuerzas misteriosas, como el magnetismo y la gravedad.

Descubrió nuevas maneras de comprender cómo funcionan todas estas cosas.

A todo lugar al que fuera Albert se ponía a pensar y averiguar. Uno de los lugares favoritos de Albert para irse a pensar era su pequeño velero. Le gustaba dejar a su mente hacer preguntas mientras el viento los movía sobre el agua.

A veces, cuando a Albert se le complicaba un problema interesante, lo dejaba de lado y se ponía a tocar su violín.

La música alegraba a Albert. Decía que le ayudaba a pensar mejor.

Albert también elegía su ropa para pensar mejor.

Su ropa favorita eran sus suéteres y pantalones flojos, viejos y cómodos. Y zapatos sin calcetines. Decía que ahora que era mayor, ya nadie podía ordenarle que se pusiera sus calcetines.

En el pueblo donde vivía se le conocía por salir a caminar mientras pensaba con mucha concentración. A veces comiéndose un helado. Siempre lo reconocían por su largo pelo despeinado, que ya se le había puesto muy blanco.

A todos los lugares a los que Albert iba, trataba de comprender los secretos del universo. Y nunca se olvidó del rayo de luz al que se montó hace tanto tiempo en su imaginación.

Albert comprendió que nada ni nadie podía viajar por el espacio tan rápido como un rayo de luz.

Pensó que si podía viajar casi a la velocidad de la luz, ¡ocurrirían cosas muy locas! Solo minutos pasarían para Albert, ¡pero pasarían años y años para el resto de nosotros!

Esta idea era tan asombrosa que la gente al principio no le creía, pero los científicos en la actualidad han probado que es verdad.

Albert pensó y averiguó cosas hasta el último minuto del último día de su vida.

Hizo preguntas que nunca se habían hecho.

Encontró respuestas que nunca se habían encontrado.

Y tuvo ideas que nunca antes se habían tenido.

Las ideas de Albert ayudaron a construir naves espaciales y satélites que viajan a la luna y más lejos. Sus ideas nos ayudan a comprender nuestro universo como nadie lo ha había hecho antes.

Pero Albert nos dejó muchas preguntas.

Preguntas que los científicos todavía tratan de resolver actualmente.

Preguntas que algún día tú podrías responder...

Si te pones a pensar, imaginar y averiguar.